Publicidad “encubierta”


No es secreto para nadie que los políticos y sus partidos son asco. Que son tramposos y unos genios para burlar la ley. En teoría el IFE les prohibió hacer mítines, spots, etc, del 16 de febrero al 28 de marzo.

¿Qué hacer entonces para estar presentes en la mente de los votantes?



Traducción: la ley me la paso por los huevos. Y si a la ley me la paso por los huevos, a los ciudadanos también. 

El horror de quedarse calvo


Las mujeres viven quejándose de que los hombres solo las miramos de los hombros para abajo.




Cierto, pero los hombres también sufrimos (solo que en silencio) porque las mujeres (y los hombres) nos miran de las cejas para arriba.




Así es, no existe mayor horror en un hombre que empezar a quedarse calvo. No tener pelo es sinónimo de derrota. Es peor que la amputación de una extremidad. Es andar rengo por la vida. Y lo peor, es que no ocurre de la noche a la mañana como lo es perder una pierna en un accidente automovilístico.
Triste consuelo de los hombres es la “moda” de raparse. Nunca seremos Bruce Willis o Vin Diesel o David Beckham (cuando se rapa).
Sé de lo que les hablo. Antes era un hombre de frondosa cabellera.




Ahora todas las mañanas miro más y más pelos sobre la almohada. Los hombres dejamos de vernos a los ojos. Nos miramos las cabezas. Es un ritual (ignoro si moderno). Y lo peor, es que existen diferentes tipos de calvicie, una más penosa que la otra. Por mi parte, mi chica me ha sometido a la humillación de usar toda suerte de tratamientos contra la calvicie.




Y por si la humillación fuera poca, vivimos en el terror incluso por culpa de los medios de comunicación que no logran ponerse de acuerdo respecto a nuestra dolorosa enfermedad.





Por lo pronto, no me ha quedado más remedio que seguir el consejo de Fiera.




Este domingo el suplemento dominical de El Universal se ha compadecido nuevamente de mí y me invitaron a contarles una historia sobre el horror que es quedarse calvo.
Si no pueden esperarse hasta el domingo, acabo de colgar en Pildorita LADO B el backstage de mi primera publicación en Domingo.




Juventud, divino tesoro





Curioso que la cantaleta de todos los políticos, sexenio tras sexenio, elección tras elección sea la falacia de que los jóvenes serán los que nos saquen adelante.

Por sentido común opino lo contrario. La juventud (no toda, solo el 99.9%) siempre ha sido estúpida

Pildorita estará en la FILEY


Hace un par de horas me llama mamá al celular indignada:

-Me acaba de decir una amiga que el lunes darás una conferencia –resopla-, ¿no pensabas decirme nada? ¿Estoy pintada? Nada me daría más gusto que ver a mi bebé hablando en público. ¿Recuerdas cuando recitabas poesías con Los Legionarios de Cristo? Te veías tan hermoso. Siempre supe que tenías facilidad para la palabra, para conmover, convencer a la gente…

Aterrorizado asiento el celular sobre el escritorio. No podía existir nada más alejado de la realidad. Mi lengua se enreda en automático cuando hay más de tres personas escuchándome.

-Estaré en primer afila apoyándote, bebé –escucho la voz de mamá saliendo de mi celular.

A todos los que quieran presenciar un espectáculo patético, están invitados (o mejor dicho, advertidos).




¿De qué hablaré? Seguramente de historias como ÉSTA.

Una invitación




No sabía que existía una Feria Internacional en la ciudad. De no ser por un lector, seguiría en la inopia.

-Moderaré una mesa panel en la FILEY –me escribe por mail-. ¿Te gustaría acompañarme y dar una charla?

-Ni que estuviera loco –pienso.

-Gracias, sería un placer –contesto el mail-, por desgracia ahora tengo mucho trabajo y no me gustaría dejarte mal.  

El lector insiste. Entro en la página web de la FILEY y me topo con el rostro de Denise Dresser, mi amor platónico. La única mujer que araña los 50 años a la que besaría en la boca sin vomitarme. No me importa que se parezca a los personajes de Wallace & Gromit.

-¿De qué hablaría? –pregunto.

-El tema es “Qué significa como joven ser escritor (en Yucatán)” –me escribe el lector.

-Qué coño significará eso –pienso-, además, ni soy joven y nadie me considera yucateco.

-En realidad no tienes que prepara nada –escribe el lector intuyendo una nueva negativa de mi parte-, solo platicar sobre tus experiencias.

-Ok, cuenta conmigo –respondo.
No han pasado ni 2 minutos y ya estoy arrepentido. Odio hablar en público. No tengo nada interesante que compartir con la gente (si no es que me encuentro con un auditorio completamente vacío, lo cual espero y existe una alta probabilidad: solo los subnormales pierden su tiempo escuchando las penas de escritores “jóvenes”).

Desde esta mañana hasta próximo lunes 12 a las 6:30 estaré fraguando un excusa verosímil que me salve del ridículo.        





Actualización:

AQUÍ pueden leer los de la FILEY lo que significa ser un escritor.