Pildorita estará en la FILEY


Hace un par de horas me llama mamá al celular indignada:

-Me acaba de decir una amiga que el lunes darás una conferencia –resopla-, ¿no pensabas decirme nada? ¿Estoy pintada? Nada me daría más gusto que ver a mi bebé hablando en público. ¿Recuerdas cuando recitabas poesías con Los Legionarios de Cristo? Te veías tan hermoso. Siempre supe que tenías facilidad para la palabra, para conmover, convencer a la gente…

Aterrorizado asiento el celular sobre el escritorio. No podía existir nada más alejado de la realidad. Mi lengua se enreda en automático cuando hay más de tres personas escuchándome.

-Estaré en primer afila apoyándote, bebé –escucho la voz de mamá saliendo de mi celular.

A todos los que quieran presenciar un espectáculo patético, están invitados (o mejor dicho, advertidos).




¿De qué hablaré? Seguramente de historias como ÉSTA.

Una invitación




No sabía que existía una Feria Internacional en la ciudad. De no ser por un lector, seguiría en la inopia.

-Moderaré una mesa panel en la FILEY –me escribe por mail-. ¿Te gustaría acompañarme y dar una charla?

-Ni que estuviera loco –pienso.

-Gracias, sería un placer –contesto el mail-, por desgracia ahora tengo mucho trabajo y no me gustaría dejarte mal.  

El lector insiste. Entro en la página web de la FILEY y me topo con el rostro de Denise Dresser, mi amor platónico. La única mujer que araña los 50 años a la que besaría en la boca sin vomitarme. No me importa que se parezca a los personajes de Wallace & Gromit.

-¿De qué hablaría? –pregunto.

-El tema es “Qué significa como joven ser escritor (en Yucatán)” –me escribe el lector.

-Qué coño significará eso –pienso-, además, ni soy joven y nadie me considera yucateco.

-En realidad no tienes que prepara nada –escribe el lector intuyendo una nueva negativa de mi parte-, solo platicar sobre tus experiencias.

-Ok, cuenta conmigo –respondo.
No han pasado ni 2 minutos y ya estoy arrepentido. Odio hablar en público. No tengo nada interesante que compartir con la gente (si no es que me encuentro con un auditorio completamente vacío, lo cual espero y existe una alta probabilidad: solo los subnormales pierden su tiempo escuchando las penas de escritores “jóvenes”).

Desde esta mañana hasta próximo lunes 12 a las 6:30 estaré fraguando un excusa verosímil que me salve del ridículo.        





Actualización:

AQUÍ pueden leer los de la FILEY lo que significa ser un escritor. 

5/10 SAFE HOUSE (2012)


Un peligroso renegado de la CIA (Washington) entra en acción diez años después. Cuando unos mercenarios atacan el piso franco que ocupa, un agente novato (Ryan Reynolds) escapa con él. Ambos intentan sobrevivir para averiguar quién quiere acabar con ellos.  

Entretenida y sin grandes sorpresas. Así es la película de Daniel Espinosa, que pese a contar con grandes actores como Denzel Washington o Ryan Reynols, acaba cayendo en los tópicos que hemos visto muchas veces en las películas de acción. Aparte, su trama deja de llamar la atención cuando llevas media película, debido a que ya sabes el final que te espera. Pero no todo son pegas, porque “El invitado” es un film de acción correcto en el que hay algunas escenas bastante bien logradas e incluso impactantes. 

Lo mejor: Denzel Washington
Lo peor: su duración...

Finalmente Dios está haciendo su trabajo




Yo no me llamo Damián





Tengo la teoría (y lo sé por experiencia) de que Demián Bichir escapó de México no por alcanzar el sueño hollywoodense, no señor, huyó porque aquí nadie podía decir su nombre correctamente.









Como todo nominado a un Oscar, de ahora en adelante Demián se ha ganado a pulso el derecho (y obligación) de hacer el ridículo (o haberlo hecho) en todos los churros que quiera. Jean Dujardin encontrará en él una dura competencia por todos los papeles de villanos que Hollywood tenga que ofrecer durante el próximo par de años.





AQUÍ un artículo donde profundizamos sobre la entrega de los premios Oscar, pero en especial, a quién queremos engañar, hablamos sobre los premios TVyNovelas. Y claro, también sobre Damián, perdón, Demián Bichir.