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viernes, 3 de julio de 2015

En Costa Rica me vieron la cara


Hace exactamente una semana relaté que la editora de un periódico venezolano quería por fuerza una fotografía mía para ilustrar un artículo. Lo mismo ocurrió con otros periódicos de centro y Sudamérica. Pero fue hasta hace unos segundos que descubrí para que la querían.

  

jueves, 25 de junio de 2015

En Venezuela quieren verme la cara


No quiero sonar odioso pero si existiera el Récord de Guinness al escritor no famoso con más publicaciones en periódicos de Hispanoamérica, sin duda, me llevaría el premio gordo.

Mails como este me llegan de vez en cuando.





Como soy un escritor de tercera división, nunca compartiré plana con el ganador del premio Nobel Mario Vargas Llosa, sino con su hijo. Así que cedo a la petición de la editora.



Por mi cabeza pasa responderle que no puedo mandarle una foto porque tuve un accidente automovilístico que me desfiguró el rostro, y ahora voy por la vida con una bolsa de papel estraza en la cabeza para que la gente no vomite al verme.


¿Acaso los venezolanos son personas tan retorcidas que para animarse a leer tienen primero que ver los esperpénticos rostros de los escritores?


miércoles, 16 de abril de 2014

Cinco minutos de fama



No es falsa modestia pero los que trabajamos en este blog rosa somos unos putos genios (unos más putos que otros). El martes pasado subimos esta imagen en respuesta a los repugnantes acontecimientos que todos ya conocemos por parte del PRI.  


Sí, esta famosa imagen que miles de personas (e incluso celebridades) compartieron en Facebook, Twitter y en la televisión nacional, es obra nuestra.





Naturalmente las fatídicas consecuencias de convertirte en famoso de la noche a la mañana no se hicieron esperar. Lejos de que los esbirros del PRI vinieran a mi casa a cortarme la cabeza, ocurrió esto:



Una vez que salgo del trabajo y llego a casa, el interrogatorio pasa del terreno digital al de tener que esquivar objetos punzocortantes.


Si te gustó nuestro meme, puedes darle las gracias a nuestro diseñador favorito, quien además de parecer una estrella de cine, es un gran diseñador de moda. Contáctalo AQUÍsi quieres comprarle alguno de sus bellos diseños, aunque en el fondo sabemos que (como todas/os) querrás contactarlo para proponerle otra cosa.



lunes, 10 de marzo de 2014

Metas de vida


Hoy día para poder morir en paz debes haber plantado un árbol, escrito un libro, tenido un hijo y creado un meme viral. 

Como no pienso reproducirme, para inclinar un poco la balanza a mi favor, me juré a mí mismo lograr al menos tres de esas cuatro metas de vida.

Dentro de esa escuela fundada por un pedófilo me hicieron plantar un arbolito cuando era un niño.

No se dejen engañar por los comentarios de los intelectuales que no la consideran una novela de verdad.


-Eres un idiota, debiste firmarlo –me dijeron varios amigos al ver que todo mundo se adueñó de mi meme.



Reconozco que mi ego pataleó un poco de rabia al creer que poniendo las letras en color rosa sería más que suficiente para dejar claro que el autor intelectual era este blog rosa, sin embargo, el no firmar me salvó el pellejo al día siguiente, cuando toda mi familia política se reunió en casa para celebrar el cumpleaños de Fiera y mi suegra sumamente consternada en mitad del almuerzo miró la pantalla de su celular y dijo:

-¡Jesús, miren lo que me acaban de mandar por WhatsApp, la gente ya no tiene consideración de las tragedias, seguro es obra de un loco! 

domingo, 2 de marzo de 2014

Minorías


En un arrebato de nostalgia, hace un par de días, una ex alumna me etiquetó en una fotografía que subió al muro de su Facebook recordando la lejana época en que fue una estudiante universitaria. 

Como suele ocurrir al ver imágenes del pasado, además de impactarme el hecho de que hoy día peso 10 kilos más de grasa y 10 kilos menos de pelo, descubrí con nitidez asombrosa algo aterrador: la respuesta al por qué nunca seré un escritor de masas. 

La ecuación es simple: si en una sala hay 3 personas, 2 de ellas (es decir, la mayoría) permanecerán mudas, con los ojos (no olvidar que son la ventana del alma) inundados de asco hacia mi persona.

Año 2005. Semana de la Comunicación. Exposición fotográfica “Marketing del Tercer Mundo”. De izquierda a derecha: yo, Director de la Universidad, Milo Ramos (periodista invitado), Directora de la carrera de Comunicación. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Secuelas del catorce de febrero


Fiera me envía tres imágenes por el whatsApp. Tres puñaladas traperas. La primera, es una foto que subió al Facebook la novia de mi primo hermano presumiéndole a sus amigos cuánto la miman y consienten; la segunda, es una imagen que subió Kim Kardashian restregándole al mundo entero que el rapero de su esposo tiene el dinero suficiente para comprarle mil rosas; la tercera, es una postal o recordatorio de que debo abandonar la insana idea de volver al camino de las letras.




A continuación, las siguientes tres imágenes son para recordarle (otra vez) a Fiera, que las rosas son el regalo más estúpido que existe, un regalo de verdad es perder la poca dignidad que le queda a uno. 

Cómo imaginó Fiera que nos veríamos en la portada de una revista.

Cómo le hubiera gustado que fuera la portada de una revista.

Cómo aparecimos en la vida real en la portada de una revista.  


Aquí la truculenta historia detrás de la portada.

domingo, 19 de enero de 2014

Vendiendo falsas esperanzas


En diciembre del 2012 publiqué mi primera (y única novela). No fue sencillo. Como todo aspirante a intelectual, con la ayuda e integro subsidio de Fiera, encuaderné decenas de borradores de mi opera prima, luego, con manos temblorosas las empaqueté y envíe a todas las editoriales de prestigio. Al recibir rotundas negativas, repetí el proceso, enviando los paquetes a editoriales de segunda división. Al no recibir respuesta, en un acto patético y desesperado, hice un tercer intento probando con las editoriales del inframundo. Tampoco funcionó. Mi novela les voló la cabeza pero no tenían recursos para publicarla.

Para no hacer largo el cuento, sospecho que ya lo he contando mil veces, en un acto heroico, Rafa Fernández, sin duda el mejor escritor en lengua castellana que existe (y por mucho), escuchando a su guapa e inteligentísima esposa bielorrusa, arriesgó sus ahorros para publicar Mala Racha.

Pese a pronóstico, el tiraje se agotó en menos de un mes. De ese día hasta la fecha, invariablemente, cada mañana descubro en mis mensajes privados del Facebook comentarios como el que acaba de llegar en este instante mientras escribo este post:


A todos les respondo lo mismo. Que tengan paciencia. Que pronto sacaremos la segunda edición. Sin embargo, en el fondo, sé que es mentira. Tengo el oscuro deseo de ser de los contados escritores en el mundo en haber publicado una sola novela en su vida (por voluntad propia), de muy pocos ejemplares, para que al morir pueda premiar a quienes creyeron en mí; imagino que los 250 libros de Mala Racha valdrán una fortuna en el año 2050.   

Por desgracia mi lado capitalista constantemente estrangula a mi lado romántico, diciéndole:

-Idiota, desempolva todos esos conocimientos empresariales que aprendiste durante 5 largos y tortuosos años en la universidad, has creado involuntariamente tanta expectación en la gente durante más de un año, que cientos de ellos, que antes ni por error te hubieran leído jamás, ahora se ponen de rodillas por hacerse con tu libro, incluso escritores de renombre te escriben mails solicitando tu novela.

-Ghhszarrr… -masculla entre dientes mi lado romántico al borde del estrangulamiento, intentando decir que quiere ser recordado como el escritor que se negó a vender su novela en venganza a todos los que no creyeron en él en su momento.


-Silencio basura, lo que vas a hacer este 2014 será publicar la segunda edición de Mala Racha, también en todas las versiones digitales existentes, de lo contrario el próximo año nadie se acordará de ti, y dejarás de recibir mails como este que ya quisiera recibir el muerto viviente de García Márquez o la momia de Poniatowska que arrumbó tu libro en algún tenebroso rincón de su sarcófago.  


domingo, 25 de noviembre de 2012

Mala Racha toma los medios nacionales



Despierto esta mañana y me topo con una sorpresa que me ha hecho llorar de felicidades como un niño cuando descubre que Santa le ha traído un montón de juguetes que no merece.


 
Dorada Píldora
Por Jorge Moch
 
Es legendaria ya la ausencia de novedades en la televisión mexicana, esa aridez creativa que parece tener a raya cualquier iniciativa de algo original, algo nunca visto y en cambio recetar al pasivo y resignado auditorio, ese público apático que más parece recua que pueblo, más de lo mismo: programas viejos, refritos de refritos, los mismos chistes, las mismas frases, la misma basura, la vieja intención no poco siniestra de convertirnos en idiotas pitecoides. A saber si se trata de una peculiar fenomenología –patología, más bien– de la creatividad yerta de los guionistas o la mojigatería censora de los ejecutivos, o simplemente la apatía de consorcios enteros que apuestan al conformismo de toda una sociedad, a su desgaste, a su orfandad moral y el proverbial abaratamiento de su intelecto.
Pero de que hay talentos que podrían renovar la narración visual en la televisión, los hay. El problema es que no están en el medio, andan en otro lado, correteando, para decirlo coloquialmente, los bisteces. Hay estupendos escritores a los que este aporreateclas se atrevería a adjetivar como experimentales que pergeñan estupendos textos que, trasladados a guiones y llevados al televisor –o al cine, que puede ser natural destino de más de uno– podrían ofrecer verdaderas novedades, refrescar la industria y de paso darle un respiro al respetable, que ya estamos saturados, realmente saturados, de las mismas porquerías de siempre, del humor edulcorado, de la ausencia de crítica social, de las pinches manos del clero católico metidas hasta el colodrillo en el ideario colectivo.
Allí está, buscando desde hace ya buen tiempo una rendija por donde colarse al éxito –no estoy muy seguro de a qué le llama “éxito”– un escritor iconoclasta y cáustico como no conozco muchos: Rodrigo Solís, autor de una columna/blog verdaderamente alucinante, insolente y descarnada que se titula –más de uno hemos sido alguna vez bombardeados por su lucidez galopante, su sorna cáustica, sus descaradas burlas al stablishment– (ya desde el título asoma ponzoñosa la intención) Pildorita de la felicidad. Por años –¡años ya, Rodrigo!– me he desternillado con sus confesiones atroces, la exhibición de sus peores momentos en la vida, porque de alguna manera que no acabo de comprender, Solís es un exhibicionista moral. Deliciosamente indecente, además. Puesto que su largo haber literario tiene que ver con su propia vida, sus desengaños –sobre todo los que él mismo va causando entre quienes lo rodean–, sus amores, sus quemantes ganas de convertirse en un escritor reconocido, laureado y referido por todos y además, oh realidad dama cruel, en un país donde cada día hay menos lectores, menos interés en la literatura y mayor preponderancia de esa televisión que pastorea el pensamiento bovino de millones de espectadores reducidos a potenciales votantes o compradores, el resultado suele ser francamente cómico. A veces escandalosamente cómico, desgarradoramente hilarante y hasta patéticamente chistoso, porque no maquilla nada, simplemente se burla de los valores presuntos de esta sociedad hipócrita y sus poderes fácticos (lo que le costó, al menos, no pocas amenazas y persecuciones en Campeche) y retrata fielmente su personaje, a sí mismo, con descarnada flema, y en ello a todos nosotros, tal que han hecho en televisión Berto Romero, en España; Tato Bores y el Negro Olmedo, en Argentina, o Larry David en Estados Unidos. Y todos ellos tuvieron un éxito enorme, con la única condición de que las cadenas que transmitieron sus programas no los censuraron. O no del todo.
Así que ahí queda una propuesta –sí, Rodrigo, es una propuesta en serio–: que la vida de Solís, su Pildorita de la felicidad, ahora novelada en Mala Racha (Mi cabeza Editorial, Madrid, 2012), sea convertida en guión para una serie de televisión a la que desde ahora le auguro éxito rotundo, porque, como dice Eduardo Huchín en el prólogo que escribió para Mala Racha:  “El secreto de la Pildorita estuvo y ha estado en sus componentes activos: los Data Pop, las tragedias menores, la televisión, la autobiografía precoz, Dios, la publicidad, el ridículo, las batallas familiares, la provincia, el futbol, los políticos, el cine, YouTube. Tómese la vida cotidiana y disuélvala en ácido clorhídrico. Sin embargo, pese a lo atractivo de su fórmula, la combinación por sí sola no hizo el milagro. Faltaba agregar la sustancia personal: la eficacia de un humor, despiadado, agudo, políticamente incorrecto. La marca de fábrica. El sello Solís.”


Curiosamente los editores de La Jornada, el único periódico en México que tiene mi respeto, hace un par de años (o más) me escribieron diciendo que dejara de chingarlos con mis mails, que no iban a publicar mis escritos, que además de superficiales, eran bastante idiotas.

Gracias querido Jorge Moch, eres un santo, y mi ídolo también.

Si eres una persona inteligente, lee su columna CABEZAALCUBOtodos los domingos en La Jornada Semanal. 
 


domingo, 11 de noviembre de 2012

Mueran de envidia intelectuales


Quizá mi libro nunca reciba una reseña de Vargas Llosa. Pero, ¿quién necesita el apadrinamiento de un viejito cuando puedes tener la promoción de la mujer más hermosa del Universo?




martes, 6 de noviembre de 2012

Coincidencia literaria


Mala Racha tiene como protagonista a un escritor que narra el mundo de los escritores, es decir, el universo que impera en los periódicos, revistas, páginas de Internet y en los encuentros de escritores que organizan los gobiernos estatales para justificar el gasto en cultura, sin embargo, la novela no está dirigida hacia los escritores, todo lo contrario, es un libro pensado para los lectores que no escriben, la intención es revelar cómo es ese lugar tan ajeno y desconocido donde habitan los seres de suéteres negros de cuello de tortuga y lentes de pasta ancha.

En uno de los capítulos del libro, el narrador relata cómo se mal gana la vida publicando artículos en un periódico (el único que tiene la dignidad de pagarle por sus desvaríos literarios), hasta que lo despiden de una forma por demás misteriosa. Entonces aquí es cuando viene la coincidencia cósmica literaria en el mundo real: el periódico que me despidió hace años por motivos ambiguos quiere ser el primer periódico (y probablemente el último) en hacerme una entrevista para conocer de qué diablos trata mi novela.  




La entrevista se llevó acabo el día de ayer en mi casa-oficina por la adorable periodista Alicia Carrascoy el fotógrafo Christian Ayala. 

Ahora solo resta cruzar los dedos para que algún despistado haya comprado el día de hoy el periódico Milenio Novedades(página 24) y diga: “pobre muchacho, seguro es del Teletón, mira nada más que cara de mongol tiene, vamos a comprarle ahora mismo su novela.”
 


lunes, 2 de abril de 2012

Ave del mal agüero



Por una de tantas casualidades que tiene el Internet, me topo con que en el 2008, exactamente el miércoles 2 de abril, un periódico de Tenerife, isla ibérica donde nació mi bisabuela, publicó un artículo mío (que terminó convirtiendo en una carta al señor director).




Con el pecho rebosante de orgullo, y herido porque nunca me avisaron que me publicaron, investigo sobre el periódico que es auspiciado por el prestigioso periódico El Mundo. La primera nota con la que me topo, es ésta:




Lo escalofriantes de la nota fue leer que apenas a 4 meses de mi publicación comenzó el desmoronamiento.




Al parecer esa es la suerte que le espera a todos los periódicos que se dignan a publicarme.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Miren quien decidió ser un partido “responsable”



No creo ser un escritor al que su opinión le importante un bledo a alguien, menos a los partidos políticos, sin embargo (y sospecho fue una coincidencia) un día después de que publiqué ESTO y ESTO en el periódico Por Esto!, por arte magia ocurrió lo siguiente:  






martes, 13 de marzo de 2012

Invitación flageladora




A petición de los sabios lectores que no fueron a la FILEY, esto fue lo que leí a manera de introducción en mi presentación. Previo chiste (“voy a leerles algo aprovechando que aquí hay más gente reunida que en la toma de protesta de Josefina Vázquez Mota en el Estadio Azul”) que no arrancó ni una sola sonrisa del auditorio.    

Leí esto:


Antes de dar inicio a mi lectura o presentación, quiero dejar algo bien claro, en esta mesa no existe el nepotismo, Rígel Solís, el moderador de esta mesa, no me toca de nada, el apellido Solís es más común de lo que se cree, si no me creen, al llegar a casa échenle un ojo a la Sección Amarilla para que vean que no soy ningún mentiroso, o al menos no esta tarde.

Rígel Solís… (y perdonen que aquí haga otro paréntesis, hasta antes de hoy, solo lo había visto una vez en mi vida, una tarde soleada cuando tocó a la puerta de casa de mamá y me entregó un libro de cuentos, escrito obviamente por él. Siguiendo el manual del colega escritor, arrumbé su libro junto a una montaña de jóvenes escritores yucatecos que me han hecho llegar sus libros).

Pese a lo que les acabo de contar, Rígel Solís (aunque ahora que lo pienso, seguro lo hizo a manera de venganza) me invitó a participar en la FILEY, evento del cual desconocía su existencia hasta que me llegó su invitación vía Facebook para hablarle a un auditorio semivacío sobre un tema que en apariencia domino pero que en realidad es lo más abstracto que he escuchado: ¿Qué significa como joven ser escritor?

Omitiendo la palabra “joven” es la pregunta que me formulo todas las mañanas al levantarme. Antecedida, claro está, por las siguientes interrogantes: ¿Cómo una mujer tan hermosa como Fiera puede tener el estomago y la paciencia para amanecer conmigo? ¿Me sacará de la pobreza mi novela? ¿Alguien leerá mi novela? ¿Alguna editorial publicará mi novela? ¿Alguien realmente me lee? ¿Por qué Dios me castigó dándome la vocación de escritor? ¿En realidad soy escritor? ¿Qué coño significa ser escritor?

Y sin embargo… aquí estoy. Flagelando a mamá, a mi novia, a mis primos, a mis amigos y a dos que tres inocentes o despistados que se confundieron de sala.  

Hablemos con la verdad: ni yo ni ninguno de los “jóvenes” escritores aquí presentes tienen la menor pista de lo que significa como “joven” ser escritor. Y honestamente a nadie de los presentes le interesa.

Impensable imaginar la siguiente escena:

-Vieja, ahora regreso, voy a la FILEY a que unos “jóvenes” me digan que se siente ser escritor.

Y el colmo sería esto:

-Espérame gordo, ya dejé grabando Amorcito Corazón, te acompaño, yo tampoco podré dormir tranquila si no develo el misterio de lo que los “jóvenes” sienten al escribir.   

Dicho lo anterior, o me quedo callado los próximos 10 minutos o les leo un par de fragmentos de mi novela titulada Mala Racha (que dicho sea de paso trata de un “joven” que tiene la fantasía de ser escritor), próxima a salir en Editorial Orsai o en MiCabeza Editorial, o en ambas editoriales, o en ninguna, el mundo de la literatura es muy caprichoso e incierto, sino pregúntenle a mi mamá que está aquí sentada la pobrecita y que ilusamente me bautizó Rodrigo en honor de quién creen, ni más ni menos que de Rodrigo Díaz de Vivar, alias, El Mío Cid, y ya ven, menudo caballero le salí. 



¿Quieren leer los fragmentos de la novela?

Pasen ustedes por AQUÍ

lunes, 27 de febrero de 2012

Los amigos de Fiera



Fiera antes de que yo convirtiera su vida en un paramo de aburrición


Sábado en la noche. Fiera me invita a salir con sus amigos rockeros famosos luego de un concierto. Tengo miedo. Me sudan las manos. Seguro cuando me vean lo primero que pasará por sus famosas cabezas será la pregunta obligada que le asalta a todo el mundo cuando me ven de la mano de mi chica: ¿cómo puede estar esta suculenta mujer con un pobre diablo?

No llevo ni 5 minutos en el bar y ya estoy borracho. Serán los nervios.





-Mucho gusto, señor Johnny Depp –le digo al músico disfrazado de Johnny Depp.

-Mucho gusto –me dice el músico con el semblante serio.

No funcionó mi chiste para romper el hielo, todo lo contario, una gélida atmósfera de incomodidad nos envuelve. ¿Cómo puede estar este retrasado mental con una mujer de semejantes tetas?, es la certeza que puedo leer en las pupilas de todos los famosos que me rodean.

En una esquina, agobiado de sacarse fotos cada 5 minutos, Jonás, uno de mis héroes musicales de la juventud, sonríe para complacer a todas sus fans que no cesan de acercarse a la mesa. Giran los dados y termino platicando con él. Intento disimular mi admiración hacia su persona. Estoy borracho pero no loco para confesarle que viví alcoholizado en mi adolescencia gracias a su música. Que nunca imaginé que muchos años después me estaría emborrachando con el artífice de mi alcoholismo.

-Te admiro mucho –le dicen a Jonás.

Yo me comporto indiferente. Incluso confieso que soy un ignorante en materia de música (cosa no muy alejada de la realidad). Jonás me mira como un gran tanque de oxígeno. Alguien que no le esté chupando los huevos. Mi comportamiento es calculado. Sé diferente al resto y triunfarás. Tengo la memoria velada de tantas cervezas. Solo sé que sigo platicando.

-¿Me puedo tomar una foto? –pregunta una mujer.

-Claro –dice Jonás.

Me hago a un lado pero la mujer me sujeta del brazo.

-¿A dónde vas? –pregunta sorprendida.

-No soy famoso –digo-, no quiero estropearte la foto.

-Claro que eres famoso –me dice ella-, llevas una hora platicando con Jonás, seguro que eres famoso.      

Esa chica me ha despellejado el significado de la palabra fama. Fama igual a mentira. Ilusión. Tomo nota mental de llenarme de amigos famosos.




Jonás no se acordará mañana de mi nombre. No importa. Mientras me vean con él pensarán que soy alguien importante. Que soy un escritor de talento ilimitado. Leído por las mentes más brillantes del país. Los imbéciles irán corriendo a comprar mis libros creyendo que soy un genio. Lo único que les importará es saber que están leyendo los libros que los famosos leen (aunque ningún famoso me lea). 

miércoles, 15 de febrero de 2012

Un escritor de verdad (o capitalista)


De regalo de los enamorados, Fiera ha enmarcado mi primera columna o colaboración en El Universal, teniendo el buen tino de colocarlo sobre mi mesa de trabajo. Sospecho a manera de recordatorio de que soy un gran escritor, pero sobre todas las cosas (palabras textuales de mi chica), “un escritor de verdad debe tomar su trabajo en serio, te prohíbo que vuelvas a regalar tus escritos”. 




Acto seguido me contacta una editorial. Me dice que han leído mi blog y que ¡les gusta! (así, con signos de admiración). Que quieren que colabore con ellos. No me emociono en lo absoluto. Por experiencia puedo afirmar que para el 99% de las editoriales “colaborar” significa “me encanta como escribes pero no tengo un peso para pagarte”.   

Es comprensible. La literatura no es negocio (o eso nos han hecho creer). Sin embargo, día a día surgen editoriales independientes (donde el único que vive del amor al arte siempre es el dueño).

Le digo a la editorial que se arreglen con Fiera. Nos mandan un mail diciendo que no tienen dinero, incluso que revise la filosofía y línea de la editorial. Que están comenzando, etc. Me compadezco, tengo corazón de pollo (o de pendejo). Les digo que pueden tomar cualquier escrito que les plazca de mi blog (so riesgo de que Fiera me mente la madre). La editorial me dice que quieren un escrito inédito. Traducción: quieren que trabaje gratis para ellos.

Controlo mis pulsaciones, en vez de mentarles la madre como corresponde, les digo que mi tiempo lo tienen comprado las editoriales que me pagan, pero que sigue en pie mi oferta de tomar cualquier escrito que les haya gustado de mi blog.

Entonces, me envían el siguiente mail:




Naturalmente el primer y único consejo que les daré es que si quieren llegar a ser como Letras Libres u Orsai (con i latina) comiencen por aprenderse el nombre del escritor que tanto les gusta y les encantaría publicar.

P.D. Consejo a los escritores que odian su trabajo de oficina (entre otras cosas porque su jefe los llama Roberto), publiquen en todos los pasquines que puedan, pasaran muchos años, entonces, algún director editorial de primera división se volverá loco y te llamará. Escribe con las entrañas, con todas tus fuerzas para convencerlo de que tu trabajo vale la pena pagarlo. También ayuda tener a una mujer extraordinaria a tu lado (que no estará para siempre a tu lado si no sales del anonimato).