jueves, 26 de junio de 2014

Día 15




Estoy dentro de un edificio que alberga oficinas ejecutivas, mismo que se hace llamar “el centro de negocios, el centro del éxito”. Delante mío están las 30 personas más despreciables del universo, es decir, 30 señores que pertenecen a las 5 casas inmobiliarias más prestigiosas de la ciudad.

Mi terrorífica misión es presentar con pelos y señales todas las campañas publicitarias que la agencia ha lanzado para un residencial de lujo, cuyos lotes son incapaces de seducir al público para que abran sus billeteras y paguen entre 2 y 3 millones de pesos por ellos. 

-Les prometo que seré breve –inicio mi presentación-, en dos horas comienza el Alemania contra Estados Unidos.

Nadie se inmuta con mi comentario. Ni siquiera el público masculino, cuyos rostros impertérritos clavan la mirada en mi humanidad temblorosa de saberme haciendo el más colosal de los ridículos.

Entonces recuerdo que soy un publicista, básicamente me gano la vida vendiendo humo tal cual lo hacen los vendedores inmobiliarios. Entre gitanos no debemos leernos las manos. Paso las diapositivas a la velocidad del rayo. Los vendedores se dedican a mirar sus celulares en un patético intento por impresionar a sus colegas de que son ellos los número uno en ventas, ya que sus potenciales clientes no dejan de pedirles información vía Facebook y WhatsApp.

Al finalizar la presentación ocurren dos sucesos: uno bueno y uno malo. El bueno es que ningún vendedor me hizo una sola pregunta sobre las campañas realizadas, de lo contrario me hubiera quedado mudo, sin saber dar una respuesta verosímil del por qué hicimos carteleras, vídeos y anuncios de prensa para un residencial invendible; la mala es que me perdí de principio a fin la victoria de los alemanes contra los norteamericanos.  


  

Argelia logró la clasificación a octavos de final por primera vez en su historia. Me hubiera encantado ver rodar las lágrimas de emoción sobre las mejillas de sus aguerridos jugadores y aficionados. Lástima que mientras ocurría este emotivo momento yo me encontraba muriendo por dentro en otra junta.