lunes, 3 de febrero de 2014

Breve historia de cómo se construye un producto


En una bonita oficina se encuentran ocho personas reunidas. Cuatro de un lado de la mesa y cuatro del otro lado. Llevan dos horas discutiendo. Los que más hablan y tienen el rostro más sulfurado son los señores que van vestidos como señores. Los que escuchan, fingen tomar nota en sus libretas y desean con todas sus fuerzas abandonar la oficina (y retomar sus carreras artísticas que no les da para pagar el alquiler y la colegiatura de sus hijos) son los señores que visten como adolescentes.

Señores vestidos como señores: creo que no entendieron absolutamente nada de lo que les pedimos que hicieran.

Señores vestidos como adolescentes: confíen en nosotros, lo que acabamos de presentarles ayudará a su producto a convertirse en una marca.

Señores vestidos como señores: respetamos lo que ustedes hacen, por algo tomamos la decisión de contratarlos. Sabemos que son una agencia innovadora y que toma riesgos. Nuestra empresa comulga con esos valores. Sin embargo, tenemos límites, no podemos salir al mercado con el nombre que nos están presentando, menos con ese diseño y esos colores. Y esos empaques. Creo que estamos en sintonías diferentes. Lo que nosotros queremos es ser los número uno. Marcar una tendencia en el mercado. Que la gente nos vea y diga: “necesito comprar este producto”.   

Señores vestidos como adolescentes: y ocurrirá, si aceptan nuestra propuesta.

Señores vestidos como señores: No lo creo. Llevamos años en este negocio. Necesitamos colores más cálidos. Más reconocibles. Necesitamos arrebatarle mercado al líder. Necesitamos… Tomen nota. Les vamos a decir exactamente lo que queremos que hagan.
  

Semanas después.

Imagen muestra para ilustrar la historia de ficción relatada líneas arriba.