miércoles, 15 de febrero de 2012

Un escritor de verdad (o capitalista)


De regalo de los enamorados, Fiera ha enmarcado mi primera columna o colaboración en El Universal, teniendo el buen tino de colocarlo sobre mi mesa de trabajo. Sospecho a manera de recordatorio de que soy un gran escritor, pero sobre todas las cosas (palabras textuales de mi chica), “un escritor de verdad debe tomar su trabajo en serio, te prohíbo que vuelvas a regalar tus escritos”. 




Acto seguido me contacta una editorial. Me dice que han leído mi blog y que ¡les gusta! (así, con signos de admiración). Que quieren que colabore con ellos. No me emociono en lo absoluto. Por experiencia puedo afirmar que para el 99% de las editoriales “colaborar” significa “me encanta como escribes pero no tengo un peso para pagarte”.   

Es comprensible. La literatura no es negocio (o eso nos han hecho creer). Sin embargo, día a día surgen editoriales independientes (donde el único que vive del amor al arte siempre es el dueño).

Le digo a la editorial que se arreglen con Fiera. Nos mandan un mail diciendo que no tienen dinero, incluso que revise la filosofía y línea de la editorial. Que están comenzando, etc. Me compadezco, tengo corazón de pollo (o de pendejo). Les digo que pueden tomar cualquier escrito que les plazca de mi blog (so riesgo de que Fiera me mente la madre). La editorial me dice que quieren un escrito inédito. Traducción: quieren que trabaje gratis para ellos.

Controlo mis pulsaciones, en vez de mentarles la madre como corresponde, les digo que mi tiempo lo tienen comprado las editoriales que me pagan, pero que sigue en pie mi oferta de tomar cualquier escrito que les haya gustado de mi blog.

Entonces, me envían el siguiente mail:




Naturalmente el primer y único consejo que les daré es que si quieren llegar a ser como Letras Libres u Orsai (con i latina) comiencen por aprenderse el nombre del escritor que tanto les gusta y les encantaría publicar.

P.D. Consejo a los escritores que odian su trabajo de oficina (entre otras cosas porque su jefe los llama Roberto), publiquen en todos los pasquines que puedan, pasaran muchos años, entonces, algún director editorial de primera división se volverá loco y te llamará. Escribe con las entrañas, con todas tus fuerzas para convencerlo de que tu trabajo vale la pena pagarlo. También ayuda tener a una mujer extraordinaria a tu lado (que no estará para siempre a tu lado si no sales del anonimato).